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Catorce meses de cárcel para el joven que dio una paliza a un profesor de Cabezón

El magistrado Jesús Hoya ha dictado una sentencia en la que describe la acción del condenado como «cobarde, vil, artera y alevosa»

Concentración por el profesor Ricardo Rua Figueroa.

Concentración por el profesor Ricardo Rua Figueroa.

El magistrado de lo Penal de Santander, Jesús Hoya, no se ha andado con ambages a la hora de dictar sentencia contra un joven de 21 años, J. R. S., de Cabezón de la Sal, que en abril de 2010, junto a una docena de amigos, alguno de ellos menores de edad, propinaron una paliza a un profesor, el secretario del IES Valle del Saja de Cabezón de la Sal: 14 meses de prisión e indemnización de 13.000 euros.
No es, sin embargo, lo único reseñable de la condena. El magistrado no ha ahorrado en calificativos para definir la acción violenta del condenado contra el profesor Ricardo Rua Figueroa. En la sentencia censura la «brutalidad» del joven «que agredió con descarada y patente alevosía y de forma vil, artera y cobarde».
El atacante, un chico que entonces tenía 19 años, que no pertenecía al instituto y que fue el único acusado, intentó justificar la agresión alegando que el profesor había dado un empujón a su hermano. El juez no sólo ha rechazado los argumentos exculpatorios de J.R.S, «porque, de aceptarlos», cree Jesús Hoya, «se alteraría cualquier escala de valores medianamente lógica en un Estado civilizado». Censura, además, duramente, «la cobardía con la que actuó el joven».
Contundente descripción
El magistrado se explaya en la sentencia y afirma que «en un arranque de valor, por la espalda (el acusado) ataca y propicia el derribo del profesor, para finalmente, en un dechado de valor del que al parecer se siente orgulloso, y cuando ya se encontraba vencido e indefenso en el suelo, patearle la cara hasta provocarle unas lesiones que son prueba evidente de la brutalidad del acusado hacia la víctima».
Le golpearon en la cabeza
La agresión tuvo lugar en abril de 2010 junto a una pista deportiva al aire libre situada en el barrio La Cabroja de Cabezón de la Sal. Cuando el profesor pasaba por allí vio a un grupo de diez jóvenes jugando al fútbol y a otros tres o cuatro sentados en un banco. Algunos, al percatarse de su presencia, comenzaron a insultarle con epítetos censurando su labor como directivo del centro escolar al que acudían la mayor parte de ellos. No era la primera vez que le ocurría.
Harto ya de los insultos, el docente se acercó a ellos y les advirtió de que si continuaban con esa actitud, los denunciará. Como siguieron los insultos, se alejó y sacó su teléfono móvil para llamar a la Guardia Civil. Lo hizo de espaldas a ellos. «En ese momento, sentí cómo me agarraron de una pierna y de la espalda. Perdí el equilibrio y caí al suelo», explicó en su momento el profesor.
A partir de ahí se produjo una brutal agresión. Se formó un corro de doce o catorce jóvenes, la mayoría menores de edad, y comenzaron a pegarle patadas, sobre todo en la cabeza. «No veía nada, pero pude protegerme la cara», describió el agredido.
Fue auxiliado por dos ciudadanos que hicieron huir a los agresores, a los que el profesor identificó uno por uno. Fue atendido de diversas contusiones, de un traumatismo craneal y de un trastorno postraumático, quedándole secuelas de pérdida de capacidad auditiva por los golpes que recibió en los oídos. También fue tratado de un fuerte traumatismo en una de las caderas y en las costillas. Fue atendido en el Hospital Sierrallana hasta donde le condujo un conductor que le auxilió.
La esposa de la víctima, que ayer no se encontraba en Cabezón, dijo que aún no conocían la sentencia y declinó hacer cualquier valoración, «porque ha sido un hecho que nos ha producido mucho sufrimiento».

Fuente: El Diario Montañés

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