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El Concejal de Cultura, Oscar Lopez, responde al artículo publicado por Emilio Carrera de la Revista Cantárida

En respuesta a D. Emilio Carrera, Revista Cantárida

La palabra, y cito textualmente a Noel Clarasó, sirve para comunicar a nuestros semejantes que tenemos la suerte de no parecernos  a ellos. Permítame hacer uso de ella, un buen uso de ella, para que se me entienda.

Porque sepa, que me pasa con Usted, con su retahíla de palabras, como con las lecturas que atrapo a media noche, que leído un párrafo, media página o página entera, de nada me entero y debo retomar y releer al día siguiente.

Con Usted leo y releo, y algo entiendo. Y así, con la palabra, a ver si nos entendemos. Y seré breve. No pretendo hipnotizar a nadie. Lo dijo Maurois: El premio del esfuerzo por evitar las palabras inútiles es la atención que os prestan los otros.

La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cabezón les ha denegado la subvención que la ASJ Cantárida había solicitado. Cierta vez me dijo mi admirado D. Pedro Crespo de Lara, para escribir bien antes hay que leer, leer mucho. Entonces, a Usted, le voy entiendo.
Si Usted hubiese leído la convocatoria hubiese sabido que para ser beneficiario de dicha subvención no es necesario tener una publicación mensual, números extraordinarios, una veintena de títulos editados, Premio de Investigación Cabuérniga, Cantárida Poesía, jornadas, recitales, exposiciones, festivales… Más sencillo, basta con estar inscrito en el Registro Municipal de Asociaciones y participar en la vida cultural de este municipio. Lo segundo no lo pongo en duda, pero lo primero no es supuesto. Es bien cierto que la ASJ Cantárida no está inscrita en dicho Registro.

Y bien cierto es que, no estándolo en años precedentes, sí recibieron dicha subvención. Achaquémoslo a un error. Todos los hombres pueden caer en un error; pero sólo los necios perseveran en él (Cicerón).

Termino. Sepa Usted que algunas asociaciones (debidamente inscritas en el Registro de Asociaciones), no tantas como quisiéramos, recibieron mayor cuantía económica que en años precedentes (no tanto como hubiésemos deseado). Aprovecho públicamente para dar las gracias a aquellas asociaciones que aún cumpliendo los requisitos de la convocatoria y que tanto trabajan por y para los vecinos de Cabezón de la Sal, han renunciado a solicitar dicha subvención, pues con ello, han beneficiado al resto.

Por último, sigan trabajando como hasta ahora con la publicación mensual, los números extraordinarios, la veintena de títulos editados, el Premio de Investigación Cabuérniga, Cantárida Poesía, las jornadas, los recitales, las exposiciones, los festivales… y a un rato inscríbanse en el Registro Municipal de Asociaciones. Verá como este año, si la solicitan, tendrán  su merecida subvención.
Sabía yo que, con la palabra, acabaríamos entendiéndonos.

Óscar López Soto, Concejalía de Cultura.
Ayuntamiento de Cabezón de la Sal

A continuación el artículo de D. Emilio Carrera.

La Revista Cantárida y las subvenciones del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal

El Ayuntamiento de Cabezón de la Sal ha denegado subvencionar a la Revista Cantárida en una  flagrante y anticonstitucional discriminación entre 60 entidades del municipio por una supuesta ausencia del Registro de Asociaciones cuando su trayectoria de más de 30 años –una publicación mensual, números extraordinarios, una veintena de títulos editados, Premio de Investigación Cabuérniga, Cantárida Poesía, jornadas, recitales, exposiciones, festivales…– ha dejado en estos extravíados gobernantes toda clase de depósitos legales, inscripciones en la propiedad industrial, DNI,s, ADN,s, huellas genéticas, dactilares y ecológicas, domicilios y sedes, teléfonos y apartados, direcciones electrónicas…., y todo tipo de referencias como para haber añadido –nosotros, siempre tan disciplinados y obedientes– cualquier otro tipo de datos o gestos –besamanos, genuflexiones o pleitesías a su gusto– a la más leve indicación de nuestros querídisimos dirigentes que, eso sí, patrocinan y amparan a su antojo, revistas y emisoras municipales, páginas webb oficiales, y publicidad institucional sin el más mínimo respeto a los registros legales, a las leyes del mercado y de la competencia, y a la transparencia y a la pluralidad de la información que debería presidir el comportamiento de las Administraciones Públicas.

Todo esto sería pura anécdota si no encerrara significados más peligrosos: Los de esta confusión permanente –y sirva el mal de muchos para consuelo de tontos si lo extrapolamos a la práctica habitual del poder dominante en todos los niveles de la Administración– entre las instituciones al servicio de los ciudadanos sin discriminaciones de ninguna clase con las excluyentes orientaciones políticas y partidistas por muchas alianzas o mayorías democráticas –incluso las más absolutas, que no absolutistas– puedan haber alcanzado, con la finalidad, como ocurre en esta ocasión, de condicionar, “orientar”, manipular o censurar la libertad de expresión que pretendemos ejercer desde la objetividad informativa, la pluralidad de opiniones y la independencia de criterios.

Esta utilización perversa de las subvenciones para fomentar, desde el caciquismo y la arbitrariedad más detestables, los clientelismos, las relaciones más serviles, los electorados cautivos y la protección de los intereses más bastardos, es el resultado, además, de conductas sectarias, mezquinas y miserables, incapaces de situar el marco de las diferencias políticas o ideológicas –o ni siquiera eso sino el de las garantías elementales de amparo a las libertades y derechos individuales y colectivos– en el respeto mutuo, en la pluralidad y la tolerancia, y en la contención de las bajas pasiones, las venganzas y las represalias sobre las críticas necesarias y consustanciales al propio ejercicio del poder.

Y es que ya lo hemos repetido a los anteriores gobiernos, a las corporaciones y a la actual mayoría de gobierno –con sus alcaldes al frente y los brazos de madera de sus  miembros–, y a quienes les arrastran por una senda que nunca nos obligarán a seguir: Porque siempre nos quedará la palabra: el poder de la palabra y no la palabra–podrida y cínica palabra– de este poder que nos abochorna y humilla.

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